Un equipo de investigadores logra acceder a algoritmos secretos de OpenAI usando la IA de Anthropic
Un equipo independiente de especialistas de ciberseguridad logró acceder a los sistemas internos de OpenAI utilizando Claude, el modelo de inteligencia artificial desarrollado por su competidora directa, Anthropic. Los investigadores consiguieron hackear la cuenta corporativa de ChatGPT de un empleado de la compañía, lo que les permitió visualizar archivos internos e incluso proponer modificaciones en su repositorio de algoritmos secretos.
El ataque fue ejecutado como parte del programa oficial de recompensas de OpenAI, una práctica común en las tecnológicas que anima a los expertos en ciberseguridad a encontrar los agujeros en sus sistemas antes de que lo hagan los hackers. Por ello, los investigadores no llegaron a alterar el código de ChatGPT ni a realizar otro tipo de modificaciones, pero ofrecieron a OpenAI las pruebas de cómo podrían haberlo hecho. Esta les recompensó con 6.500 dólares.
La acción se produjo en julio, pero el equipo de expertos reveló ahora los detalles en exclusiva a The Wall Street Journal (WSJ). Se trata del mismo medio que adelantó la dimisión de Jacob Coxon, el ingeniero de Anthropic que alertó que ni esta empresa ni OpenAI cuentan con los protocolos de seguridad adecuados para impedir que la IA “pierda el control”, lo que podría suponer un peligro existencial para la humanidad antes de 2030.
Ahora, en medio del debate sobre la seguridad de la inteligencia artificial, el equipo de investigadores, pertenecientes a la firma Hacktron AI, pone más dudas sobre la mesa sobre las prácticas de los principales laboratorios que la desarrollan. No solo lograron penetrar en OpenAI, sino que pudieron usar Claude con un propósito malicioso que viola los términos de la compañía. “Agradecemos a los investigadores que se pusieran en contacto con nosotros y compartieran sus hallazgos”, comunicó OpenAI. Anthropic, por su parte, no hizo comentarios sobre el incidente.
A través del foro
Según los datos publicados, el ataque comenzó el 23 de julio, cuando los investigadores detectaron un fallo en Discourse, la plataforma externa que aloja el foro de la comunidad de OpenAI, cuando esta debía procesar determinados archivos de imagen. El equipo intentó utilizar primero una versión especializada de Claude Opus 4.8 para que escribiera el código necesario para explotar la brecha, sin éxito. Esa misma noche, tras el lanzamiento de Opus 5 por parte de Anthropic, volvieron a intentarlo empleando este modelo. No puso resistencia.
Con la ayuda de Opus 5, los especialistas accedieron a las credenciales de identificación de varios usuarios registrados en ese foro interno de OpenAI. Luego probaron esas mismas credenciales para iniciar sesión a ChatGPT, lo que les abrió la puerta a sus sistemas internos. A través de esa vía, alcanzaron “Monorepo”, el repositorio central donde la empresa dirigida por Sam Altman guarda algunos de los ingredientes secretos de su tecnología, como los algoritmos que hacen que sus modelos de IA funcionen de manera más rápida y eficiente.
No llegaron hasta la propia cocina de ChatGPT, puesto que ese entorno no contenía los archivos de sus parámetros internos (aquellos que determinan cómo procesa la información y genera sus respuestas) pero sí revisar documentación oficial de la compañía y su funcionamiento. Como prueba de su intrusión, enviaron una solicitud de cambio en el código de esos archivos con el nombre de su equipo. “Hemos limitado los permisos de los tokens de inicio de sesión de la comunidad y revocado los tokens y sesiones afectados”, dijo OpenAI sobre la intrusión.
Un incidente más
“No creo que seamos tan fuertes como los actores de amenazas chinos. Solo somos tres tipos con suscripciones a Claude y Codex”, afirmó Mohan Pedhapati, director de tecnología de Hacktron AI, al WSJ. La cita de los hackers chinos es una referencia a otro incidente sufrido por Anthropic, que reconoció que un ataque real proveniente del gigante asiático logró acceder a sus sistemas a finales de 2025. Dario Amodei, fundador y director ejecutivo de la compañía, fue llamado a declarar en diciembre.
Esa investigación continúa activa. En agosto, un grupo de 22 senadores demócratas envió un nuevo requerimiento a Amodei para profundizar en sus explicaciones y exigir la entrega de los registros de actividad de sus modelos. La petición se produjo después de que Anthropic reconociera que un grupo de sus agentes de IA también había escapado de sus entornos de pruebas y navegado sin control por internet intentando cumplir las órdenes que se les habían encomendado, en línea con el incidente de OpenAI y Hugging Face. Los especialistas consultados por este medio opinan que esto es una prueba de que esos entornos de seguridad “no estaban bien diseñados”.
Lo ocurrido con el hackeo supuestamente procedente de China en su competencia parece que no alteró los protocolos de OpenAI, que no decidió aumentar la seguridad hasta este julio. Así lo reconoció el presidente y cofundador de la empresa, Greg Brockman, que afirma que fue después del incidente de Hugging Face y el revelado ahora por los investigadores cuando decidieron actuar: “Tomamos al 25% de nuestros ingenieros de producción y les dijimos: 'Lo sentimos, todos vuestros proyectos quedan en pausa. Ahora estáis defendiendo'. Encontramos una serie de problemas graves y los solucionamos”.
El suceso incide sobre la responsabilidad de las compañías a la hora de controlar el uso que se hace de los productos que ponen en el mercado, como están pidiendo responsables públicos tanto estadounidenses como europeos. “El control está en el elemento humano. La supervisión es humana y la responsabilidad tiene que ser humana también”, recordaba este jueves Alberto Gago, director de la Agencia Española de Supervisión de la IA (AESIA), en otro reportaje de elDiario.es.
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