Opinión

Menos misa, más metáfora; menos rezo, más relato; menos catecismo, más intuición

0

Durante años, el diagnóstico fue claro: la religión tradicional perdía terreno. Las iglesias se vaciaban, los rituales se debilitaban, las prácticas cotidianas se volvían esporádicas. Y con eso, muchos creyeron que asistíamos a un proceso sostenido de secularización. Que la modernidad, la ciencia y la política habían desplazado a Dios del centro de la escena. Pero en nuestro quinto informe de la Encuesta Nacional de Creencias Sociales 2024 nos encontramos con una realidad menos lineal y más intrigante: los argentinos no dejaron de creer. Lo que hicieron fue reorganizar sus creencias.

El 75% de la población declara creer en Dios, pero solo la mitad reza con frecuencia. La práctica religiosa se ha vuelto más intermitente, menos institucional, menos visible. No se reza como antes, pero el sentido de trascendencia persiste. Y eso es lo que nos permite hablar hoy no de una sociedad secularizada, sino de una sociedad postsecular. Es decir, una sociedad que no abandona la fe, sino que la combina, la adapta, la transforma.

Creemos en Dios, sí, pero también en los milagros (68%), en la posibilidad de vida extraterrestre (51%) y en la existencia de fantasmas (39%). Es un menú variado, heterogéneo, incluso contradictorio. Pero es el que define la espiritualidad argentina contemporánea: un collage más que una doctrina, un sistema de creencias más que un cuerpo teológico.

La religión organizada pierde lugar entre los más jóvenes, pero no porque estos hayan abandonado toda forma de creencia. Por el contrario, muchos de ellos reemplazan la religión por nuevas formas de conexión simbólica: energías, astrología, extraterrestres, relatos esotéricos. Se trata de un giro cultural donde las estructuras tradicionales son sustituidas por espiritualidades portátiles, más cercanas al consumo y al yo que a la comunidad o al dogma.

El caso de la astrología es paradigmático: solo el 12% consulta el horóscopo con frecuencia, pero el 95% sabe cuál es su signo. Hay más personas que conocen su signo zodiacal que su grupo sanguíneo. Es decir, puede que no creamos en los astros como guías de vida, pero los seguimos utilizando como una forma de definirnos, de presentarnos, de marcar pertenencia. El signo ya no es creencia: es identidad.

El caso de la astrología es paradigmático: solo el 12% consulta el horóscopo con frecuencia, pero el 95% sabe cuál es su signo. Hay más personas que conocen su signo zodiacal que su grupo sanguíneo

En este escenario, la espiritualidad deja de ser un espacio colectivo, estable y regulado, para convertirse en una dimensión subjetiva, difusa y personal. Muchos creen sin practicar, muchos practican sin creer. La frontera entre religión, ciencia, cultura pop y emoción se vuelve porosa.

Lo que encontramos no es una pérdida de fe, sino una transformación de sus lenguajes. No hay menos trascendencia: hay otras formas de narrarla. Menos misa, más metáfora. Menos rezo, más relato. Menos catecismo, más intuición.

Y esta transformación no ocurre en el vacío. Aparece en un contexto de crisis de sentido, de debilitamiento institucional, de repliegue individual. La espiritualidad sin templo refleja también una sociedad sin grandes certezas compartidas, pero con muchas preguntas abiertas.

Umberto Eco solía decir que “cuando los hombres dejan de creer en Dios, no quiere decir que creen en nada: creen en todo”. Esa frase resume bien el momento argentino: el dogma se diluye, pero las creencias no desaparecen. Se diversifican, se combinan, se personalizan. Tal vez la pregunta ya no sea si creemos o no, sino cómo, en qué medida y a través de qué símbolos. Y si los datos de este informe dicen algo claro, es que la necesidad de creer sigue intacta. Sólo cambió de forma.

*El autor de la columna de opinión es el director de Pulsar, licenciado en Ciencia Política (USAL) y máster en Ciencia Política y Sociología de Flacso. Realizó estudios en comportamiento electoral (Universidad de Milán), campañas electorales (Adenauer Stiftung Berlín) y comunicación gubernamental (Universidad Austral)