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CINE

Mohammad Rasoulof, el héroe de las mujeres

La semilla del fruto sagrado

Moira Soto

28 de febrero de 2025 07:20 h

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Un héroe de nuestro tempo, y no solo de las mujeres de Irán. Mohammad Rasoulof ha realizado uno de los films más categóricos y eficaces, discursivamente y artísticamente, contra toda forma de gobierno que en este siglo cercene los derechos de las mujeres, coarte sus libertades, las inferiorice, las excluya o segregue de cualquier manera.

Porque La semilla del fruto sagrado habla claramente de la situación de las mujeres en Irán, pero sin duda toda persona del público, de buena fe democrática, podrá reconocer ciertos enfoques de poderes dominantes, sus conductas y recursos, la religión como coartada de la hipocresía, que conciernen a nuestro país y, en distinta medida, a otros sitios del planeta.

Pinta tu aldea y serás universal, sabia y muy citada frase que se atribuye a Tolstoi se aplica perfecto a esta obra mayor que arranca, antes de los títulos, con una descripción del árbol sagrado de budistas e hinduistas bajo cuyas hojas meditar puede llevar a la iluminación: “El ficus religiosa es un árbol que tiene un ciclo vital inusual. Sus semillas, que están entre los excrementos de los pájaros, caen sobre los árboles. Las raíces aéreas brotan y crecen hasta el suelo, las ramas envuelven el árbol y lo estrangulan. Finalmente, el higo sagrado se sostiene por sí mismo”. Una sucinta definición como alegoría esperanzada de lo que podría suceder con las semillas regadas con sangre y dolor, coraje y persistencia, entre 2022 y 2023, en ciudades y pueblos de Irán donde, principalmente mujeres muy jóvenes las dejaron caer clamando a favor de su emancipación, y aún siguen germinando. 

Pese a la represión exacerbada, a las 31 mujeres ejecutadas en 2024, al empeño de las autoridades en reducir al silencio a las familias de las víctimas mortales, a las detenciones arbitrarias, según informa Amnesty International. Una guerra contra las mujeres que comenzaron a movilizarse hace tres años bajo la consigna Mujer Vida Libertad (en persa: Zan Zandeji Azadi; para abreviar, Zan), desafiando la obligación de usar el velo en lugares públicos; exigiendo derecho a la libre expresión, a reunirse, a decidir en materia de religión. En enero pasado, proseguía la ola de protestas encabezadas por docentes y profesionales de la salud.

Rasoulof estaba detenido en 2022 cuando empezó el movimiento Zan. Este artista, que se había expresado diestramente en sus films anteriores contra la corrupción y la pena de muerte, enterado de los sucesos liderados por las mujeres, concibió el film que se está estrenando localmente esta semana. Un vibrante manifiesto en defensa de los derechos de las mujeres, de la democracia en vez de la teocracia, de la libertad sin carajo.

Así fue que el director pintó el devenir de una familia tipo, clase media aspiracional (padre funcionario en ascenso, esposa devota con doble discurso, hijas muy jóvenes estudiantes que se asoman a la rebelión contra la sujeción). Y también pintó a Irán y a buena parte del mundo que en diversos grados puede considerarse concernido. Empezó a escribir el guion en prisión y lo filmó clandestinamente al salir, con un equipo reducido en tamaño pero enorme en talento y coraje, para luego escapar con grandes dificultades al exilio.

MR consiguió el increíble milagro de hacer una gran película política, profundamente comprometida, de una libertad formal asombrosa para seguir su intuición, más allá de las circunstancias en que trabajó. Por ejemplo, según ha contado en entrevistas, desde el principio, al final de cada día enviaba el material en bruto a escondidas a Andrew Bird, montajista brillante, amigo inglés confiable que no habla persa pero había leído el guion y conversado con el cineasta. Al cabo de los primeros diez días, Bird le mandó la primera secuencia editada y el realizador supo que podía seguir adelante, incluso sin saber si iba a poder terminar La semilla…: “Todavía no sé cómo lo hizo, pero su labor fue inmejorable”. 

En la primera parte, MR filma a puertas cerradas, del departamento donde vive la familia, de los autos donde se desplazan. Pero el afuera empieza a colarse a través de los videos crudos grabados por celulares o de las imágenes transmitidas en directo: la revuelta ha estallado.  Una amiga de la hija mayor, de visita, pide hospitalidad, la madre se la niega temerosa de perjudicar al padre, a ese patriarca que ya empezó a desoír la voz de su conciencia en su trabajo, para alcanzar el rango de juez.

Cuando la amiga es herida en el rostro por la policía, se comunica con las chicas que subrepticiamente le dan cobijo. La madre no puede menos que asistirla, luego se lava las manos, le cuesta limpiar la sangre. La mujer despacha a la muchacha envolviendo su cabeza en un velo manchado de rojo, sabiendo a qué destino la condena.

Por su lado, el padre deposita a diario el arma en un cajón, discute con sus hijas cada vez más desacatadas. Un día, el revólver desaparece, el hombre se desespera buscándolo, la cámara de Pooyan Ashdababael lo sigue en sus movimientos, lo persigue, lo enlaza, lo encierra. Y ahí el film se transforma en un thriller que recalará en un duelo de western. El brote de una paranoia progresiva, el camino vertiginoso hacia la locura, la deshumanización en un paisaje fantasmal, unas antiguas ruinas laberínticas que conducen a asociaciones con la mitología griega, la tragedia cuyos dados estaban echados en las imágenes iniciales en que unas manos entregan a otras la carga de un revólver junto a un papel para que sea firmado.

Pese a su extendida duración, de la road movie al noir y de ahí al terror para desembocar en el western, la tensión angustiosa no afloja un segundo. Claro que hay que aceptar algunas convenciones de los géneros en los que se arroja el inspirado director. Nada que afecte a la credibilidad ni, mucho menos, al puro entretenimiento, siempre en un crescendo sofocante. 

A la típica pregunta sobre si el arte puede cambiar el mundo, dando por descontada una respuesta negativa, La semilla del fruto sagrado retruca que sí, que puede contribuir con buenas y nobles artes. 

MS/MG

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