Europa pone en la mira a Silicon Valley y la corte tecnológica de Trump en represalia a los aranceles

Donald Trump ha dinamitado el mercado global aprobando una política de aranceles contra el resto del mundo. En base a una supuesta fórmula matemática que los especialistas tachan de “totalmente arbitraria e injustificada”, el republicano ha impuesto a la Unión Europea unos aranceles de importación del 20%. Gobiernos como el español han calificado la decisión como “un ataque unilateral” y emplazan a los Veintisiete a responder de manera proporcional. Mientras Bruselas guarda silencio sobre el próximo paso del bloque, pesos pesados como Francia han señalado cuál debería ser el objetivo.
“Las GAFAM”, citó este jueves la portavoz del Elíseo, Sophie Primas, en una entrevista en directo. Se trata del acrónimo utilizado para agrupar a los cinco gigantes digitales estadounidenses: Google, Amazon, Facebook, Apple y Microsoft. Son las multinacionales que dominan los servicios digitales y, desde este 2025, también son el principal poder económico que respalda la presidencia de Trump. Los directores ejecutivos de todas ellas escenificaron este apoyo sentándose en la primera fila de su ceremonia de toma de posesión en enero, liderados por Elon Musk.
“Se trata, por ejemplo, de los servicios digitales que hoy en día no están gravados y que podrán serlo”, especificó Primas en declaraciones recogidas por Europa Press. “El mecanismo y los productos que serán considerados no están aún decididos”, avanzó, dejando claro, eso sí, que se tratará de una respuesta “con la Unión Europea, porque no hay otro modo de hacerlo que con Europa”.
Apuntar a la corte tecnológica de Trump no solo tiene una connotación de represalia política para la UE. Los Veintisiete exportan automóviles, fármacos o productos de su agricultura, como vino, a EEUU. El republicano tiene razón al señalar que la balanza comercial en cuanto a bienes está descompensada. Lo que no incluye en sus cuentas es el hecho de que la UE importa muchos más servicios desde el otro lado del Atlántico de los que vende. Los grandes proveedores de servicios digitales estadounidenses son una de las causas de ello, especialmente desde la pandemia, y ofrecen al bloque margen de movimiento para contraatacar.
Una posible batería de aranceles contra las tecnológicas estadounidenses haría más caros sus productos para los consumidores europeos, pero también reduciría sus márgenes de beneficio. “El mercado digital ofrece grandes oportunidades para ambas economías. Una guerra comercial podría afectar negativamente la innovación, la incorporación de tecnologías emergentes y la digitalización”, avisó este jueves Adigital, la patronal tecnológica española que agrupa a las divisiones de las GAFAM en España, entre otros cientos de empresas.
La asociación rechaza la guerra comercial abierta por Trump. “Muchas empresas europeas usan tecnologías y servicios estadounidenses, al igual que muchas empresas de EEUU encuentran en Europa mercados clave y oportunidades de inversión”, recordó: “Esta relación recíproca ha impulsado sectores estratégicos como los servicios digitales y la tecnología, favoreciendo el crecimiento económico y la competitividad. Por tanto, consideramos necesario recuperar la relación de apertura y cooperación, en beneficio de los consumidores y las empresas. La negociación y el diálogo deben ser la vía prioritaria, sin renunciar a nuestros valores europeos”.
Los tres cañones digitales de la UE
Como avanza la portavoz del Gobierno francés, la UE aún baraja qué mecanismos podrían estructurar el gravamen a las tecnológicas. Una vía podría ser la del Impuesto sobre Determinados Servicios Digitales que han puesto en marcha países del bloque, como España, donde se conoció como tasa Google. La propia Francia y otros como Austria, Italia o Reino Unido tienen mecanismos similares.
El impuesto está diseñado para gravar los servicios digitales de grandes empresas que obtienen beneficios significativos gracias a la actividad de los usuarios de un territorio, pero sin tener presencia física en él. De recurrir a esta fórmula, la respuesta comunitaria consistiría en extender el impuesto a todos los países miembros y subir su cuantía desde el entorno del 3% en el que se encuentra actualmente en los territorios que lo han aprobado.
No obstante, la UE también cuenta con tres cañones que ya están apuntando a Silicon Valley. Se trata de la Ley de Servicios Digitales (DSA, por sus siglas en inglés), que regula los mercados en línea, las redes sociales y las plataformas para compartir contenido; y la Ley de Mercados Digitales (DMA), que somete a los gigantes digitales de EEUU a reglas especiales para salvaguardar el mercado único. Las dos fueron aprobadas durante la pasada legislatura y “permiten a la UE tomar medidas drásticas contra el software y las plataformas online estadounidenses”, detalla Tobias Gehrke, del Consejo Europeo de Relaciones Internacionales.
“La Comisión cuenta con importantes herramientas para multar y sancionar a las empresas por incumplimiento de cualquiera de ellas”, añade el experto, señalando que estas “multas digitales” deberían ser uno de los mecanismos “para compensar a los Estados miembros o sectores que se vean afectados de forma desproporcionada por la agresión extranjera o las medidas de represalia a la UE”.
El tercer cañón es el Reglamento General de Protección de Datos, la norma que regula la privacidad de los ciudadanos europeos. Es el estándar más garantista del mundo y ha obligado a Bruselas y Washington a hacer ingeniería legal durante años para permitir el envío de datos de los europeos a EEUU, fundamental para el negocio de las multinacionales tecnológicas estadounidenses. Sin embargo, se trata de acuerdos que han sido considerados ilegales hasta en dos ocasiones por el Tribunal Superior de Justicia de la UE, al entender que la capacidad de las agencias de seguridad de EEUU de llevar a cabo un espionaje indiscriminado sobre cualquier base de datos radicada en el país es incompatible con los derechos de los ciudadanos comunitarios.
Actualmente, está en vigor el tercero de estos acuerdos de transferencia, que el TJUE ya analiza a petición del mismo abogado austriaco que tumbó los otros dos. El flujo de datos por el Atlántico tiene un valor de miles de millones de euros y llevó a empresas como Meta a amenazar con retirar Facebook e Instagram de Europa si no se ratificaba uno nuevo. De hecho, la compañía de Mark Zuckerberg no respetó la prohibición de enviar datos a EEUU tras la derogación del segundo de estos acuerdos, lo que le valió la mayor multa de su historia: 1.200 millones de euros.
Cualquier alteración o restricción del acuerdo de envío de datos personales hacia EEUU supondría un golpe extremadamente duro para sus gigantes digitales, especialmente en un contexto en el que esa información ha redoblado su importancia por su valor para el entrenamiento de sistemas de inteligencia artificial. El Gobierno de Trump es consciente del potencial de estas regulaciones, y por ello las ha criticado con ferocidad desde el principio de su mandato.
“Una cosa es evitar que un depredador abuse de un niño en Internet. Y otra muy diferente es impedir que un hombre o una mujer adulta acceda a una opinión que el gobierno considera desinformación”, espetó el vicepresidente JD Vance ante la plana mayor europea, Ursula von der Leyen incluida, en su primer viaje al continente en febrero. “Una regulación excesiva del sector de la IA podría matar a una industria transformadora”, añadía, avisando a la UE de que podría convertirse en un régimen “autoritario” como China si sigue poniendo coto a las plataformas digitales.
El último recurso
La UE cuenta también con el Instrumento Anticoerción, una herramienta comercial que podría utilizar como último recurso en caso de considerar excesivas las acciones de Estados Unidos. Este mecanismo le permitiría tomar represalias de amplio espectro, incluyendo restricciones a servicios digitales y tecnológicos. Entre las medidas potenciales, Bruselas podría desconectar la red social X de Elon Musk, limitar los derechos de propiedad intelectual de las grandes tecnológicas estadounidenses o prohibirles inversiones dentro del bloque. Sin embargo, la implementación de estas sanciones necesitaría el respaldo de al menos 15 de los 27 Estados miembros.
A pesar de la posibilidad de usar esta bomba atómica comercial, algunos países de la UE son reticentes a escalar el conflicto con Estados Unidos hasta este punto. Empresas europeas también han manifestado su preocupación, señalando que cualquier medida de represalia podría terminar perjudicando los propios intereses de la UE. Además, algunos expertos consideran prevén que podría desencadenar una respuesta aún más agresiva de Washington. Von der Leyen no ha querido mencionar el Instrumento Anticoerción todavía, emplazando a EEUU a la negociación.
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