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ANÁLISIS

Trump entierra la era de la globalización y deja a su amigo Milei en el abismo

Milei y Trump en una foto de archivo. Esta semana el Presidente no consiguió reunirse con el republicano en Florida.

Alejandro Rebossio

6 de abril de 2025 00:19 h

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A la Segunda Guerra Mundial le precedió una guerra comercial, el proteccionismo de unas potencias contra otras. Tras el conflicto bélico, no sólo se creó la Organización de las Naciones Unidas sino también las llamadas instituciones de Bretton Woods -por el nombre del área de Estados Unidos donde se acordó su nacimiento-, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial, que promovieron una paulatina liberalización del comercio. Fue la fase de mayor globalización nunca jamás alcanzada por el capitalismo, que derivó en una progresiva mudanza de fábricas desde la superpotencia y otros países ricos hacia otras naciones emergentes, con China a la cabeza en las últimas cinco décadas. Pues ese mundo se terminó con los aranceles del 10% al 50% que impuso Donald Trump a las importaciones de casi todo el mundo, excepto sus socios de América del Norte, Canadá y México.

Que la economía que representa el 26% del PBI mundial ponga fin a la globalización abre un interrogante sobre si el restante 74% seguirá sus pasos o intentará comerciar entre sí. Por lo pronto, la historia de guerras comerciales promete un tiempo de más inflación en EE UU y menos actividad económica en el mundo. Ante la incertidumbre generalizada por un fin de época, los capitales especulativos huyen de los mercados inciertos -como la Argentina- y se refugian en los más seguros. Por eso se devalúan el peso, las acciones y los bonos de la deuda, con el consiguiente alza del riesgo país a 925 puntos básicos, el mayor nivel desde noviembre pasado.

Caen los precios de las materias primas como las que produce nuestro país, desde las cosechas del campo hasta el petróleo de Vaca Muerta. Y encima no sólo habrá dificultades para exportar a Estados Unidos, salvo que Javier Milei consiga que su amigo Trump le conceda excepciones especiales a los aranceles aunque no las haya recibido en su reciente viaje relámpago a Mar-a-Lago.



Pero el mayor problema es que el libertario, a diferencia del presidente estadounidense, está abriéndose a las importaciones, entre rebajas arancelarias y paraarancelarias (medidas antidumping) y sobrevaluación del peso, con el fin de bajar la inflación aunque sea a costa del empleo. Es así que exportadores de China y muchos otros países podrán encontrar en la Argentina, 0,6% del PBI mundial, un pequeño mercado donde liquidar parte de lo que ya no le venden a Estados Unidos o tal vez desplacen exportaciones argentinas a otros mercados, como Brasil, 2% de la economía planetaria.

“Es un cambio de época”, opina Fernando Navajas, integrante de la Academia Nacional de Ciencias Económicas y de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL). “Después de la Segunda Guerra Mundial, la ONU, el FMI y el Banco Mundial fortalecieron las tendencias a la globalización, el comercio internacional, el multilateralismo, la creciente inversión extranjera. Entre los 50 y 60 comenzó la relocalización de fábricas y la regionalización del comercio. Tras la crisis del petróleo en los 70, se dio una subida de escalón en el capitalismo financiero... Siempre fue financiero el capitalismo pero a partir de ahí tuvo un carácter muy marcado rol de las finanzas. El comercio crecía al doble que el PBI y ahora eso está en duda”, señala Navajas.

“Sí vas ahora a un mundo con algún sesgo de regionalismo y por eso Estados Unidos no fue tanto contra México y Canadá. La Argentina intenta meterse en EE.UU. hoy tratando de limitar el daño al aluminio, el acero, el vino”, observa el académico. “No queda otra que negociar, no estás con la fortaleza para poner represalias. Aunque tampoco es para celebrar como hizo (el voceo presidencial, Manuel) Adorni que nos hayan puesto un 10% de arancel, lo mismo que a Brasil, Chile y Colombia. De ahi a que podamos entrar a EE.UU. con nuevos productos es otra historia, no depende del arancel sino de otras condiciones como el tipo de cambio. Hoy somos un país caro. Lo que tenés en tu plan es vender más commodities como minería y petróleo. Colombia, Chile, Perú y Centroamérica tuvieron más posibilidades de entrar con ciertos productos a EE.UU. con sus tratados de libre comercio (TLC)”, diferencia Navajas. Además, alerta de riesgo de un TLC como el que pretende Milei con Trump porque implicaría nuevas reglas de patentes que perjudicarían a las farmacéuticas locales y a los productores agropecuarios que usan semillas de las multinacionales.

Para Navajas, sería “complicado” si otros países vendan sus saldos exportables en la Argentina, no tanto por la rebaja de aranceles y otras barreras sino por el peso sobrevaluado, que abarata importaciones. Pero además corren riesgo exportaciones argentinas a otros mercados. “En España ya hablan de vender en el Mercosur vino que iba a EE.UU.”, señala. Por último, alerta sobre la cotización de las materias primas por la previsión de recesión global: “¿Qué va a pasar con las commodities? Hay que separar el impacto inicial de la tendencia, pero hay caídas preocupantes que te pegan en el campo, el petróleo, que te hace ruido en los planes de inversión”. El crudo que se extrae en Vaca Muerta con el método del fracking necesita un precio atractivo para justificar su desarrollo. Si no, las petroleras prefieren el petróleo convencional, el que se saca con sólo perforar el pozo, sin tener que inyectarle agua, químicos y arena para fracturar la roca subterránea donde anida el hidrocarburo.

“Desde los 40 ha habido un crecimiento de la globalización, un armado de cadenas de valor cruzando fronteras y ahora, de repente, se plantea un retroceso a eso”, coincide el economista Francisco Eggers, profesor de la Universidad de La Plata. “Pero EE.UU. no es la única economía mundial, no necesariamente el resto del mundo va a dejar de comerciar entre sí. Puede compensarse lo que no entre a EE.UU. por desvío de flujo de comercio al resto del mundo, con lo cual habría incluso más comercio. Pero hay un retroceso en la postura de EE.UU. a favor de la globalización. No estoy seguro de que sea una tendencia mundial, pero sí que provoca un cimbronazo mayor que la pandemia, un cambio de precios relativos importante.”

“Para la Argentina el impacto directo no es demasiado, no creo que por 10% de arancel haya gran sustitución de nuestros productos en EE.UU. e incluso hay empresas que pueden llegar exportar a EE.UU. vía la Argentina, en lugar de hacerlo desde países con más arancel”, se refiere por ejemplo a Vietnam (con 46%) o China (con 34%). “Pero lo más importante es el efecto indirecto por el remezón que hay en la economía mundial, con el riesgo país arriba de 900 puntos, por el fly to quality (vuelo hacia la calidad), donde el que tiene bases frágiles se golpea más fuerte.”

“El país que promovió la globalización y su institucionalización en la OMC (Organización Mundial del Comercio), que redactó el manual del libre comercio que se instauró en buena parte del mundo, que lideró la producción en Asia para bajar costos, ahora se convierte en el verdugo de ese modelo”, sentencia Diana Tussie, profesora de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso). “Mientras tanto le deja todo servido en bandeja a China, que se erige en abanderada para evitar una guerra comercial. A nivel global, la política comercial que impulsa EE.UU., afectará el flujo del comercio internacional.” 

“Si bien la Argentina no es un blanco para Trump tampoco recibió un trato preferencial en el reparto de aranceles como se especulaba a nivel oficial. Para la Argentina no es gratuito elegir un alineamiento automático”, apunta Tussie. El país quedó bajo un ataque de nervios, según la experta. “Además caen los precios de petróleo, soja. La Argentina necesita precios favorables, monedas estables, dólares. A la guerra comercial le sucede guerra de monedas”, advierte Tussie sobre una futura ola de devaluaciones mientras el gobierno de Milei intenta sostener el peso fuerte en el mercado para bajar la inflación, y a pesar de los cuestionamientos de los mercados y el FMI.

“Primero habría que entender qué significa para el mundo lo que hace Trump, que depende también de cómo van a responder los demás países”, apunta Fernando Morra, otro profesor de La Plata. “Con esa respuesta por ahí podemos saber más o menos qué significa para la Argentina. Lo que creo es que Trump busca resolver con medidas comerciales algo que en realidad tiene que ver con el rol de EE.UU. en el sistema monetario y financiero internacional”, se mantiene prudente el exviceministro de Economía de Alberto Fernández.

Daniel Marx, consultor y exsecretario de Finanzas de la gestión de Fernando de la Rúa, tiene un mal pronóstico para la Argentina a partir de la guerra comercial: “Aumento de precios, disrupciones en programas de integración en cadenas de producción, menores y alteración de decisiones de inversion, menor eficiencia y productividad, caídas en comercio exterior, menores oportunidades de empleo visto desde el conjunto y remuneraciones inferiores... En consecuencia, pérdida de riqueza agregada con mayores incertidumbres”. Fin. ¿De la globalización? Comienzo de una nueva era.

AR/DTC

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