Alejandro Werner, exdirectivo del FMI: “Después de la elección el programa con el Fondo se rediseñará con un marco mucho más agresivo”

Alejandro Werner, exdirector del FMI para América Latina, analiza con preocupación las idas y vueltas que el Gobierno argentino está haciendo públicas con el Fondo Monetario Internacional, en medio de la crisis económica que atraviesa el país. Si bien destaca aspectos positivos del programa económico de Javier Milei, critica la falta de un plan integral que incluya políticas cambiarias y monetarias coherentes. En diálogo con elDiarioAR, el economista nacido en la Argentina, criado en México y radicado actualmente en Washington sostuvo que la estrategia de solicitar adelantos masivos de fondos sin una hoja de ruta clara podría generar serios riesgos para la economía argentina en el corto y mediano plazo.
—¿Qué interpreta de los dichos y desdichos que está haciendo el Gobierno en torno al anuncio del acuerdo?
—A mí me preocupa, por varias cosas. Primero que el FMI no haya salido a aclarar ciertas cosas quiere decir que el acuerdo se encuentra en una etapa prematura. Además me preocupa porque parece predominar una visión de que lo único necesario para Argentina ahora es mostrar que tiene o va a tener dólares. Cuando, en realidad, la falta de dólares es la pata corta de este programa. Un programa que ha sido muy bueno en lo fiscal, en el manejo del balance del Banco Central, de la deuda pública, pero muy flojo desde el punto de vista del tipo de cambio. El consenso entre los economistas es que Argentina tiene un atraso cambiario importante, que empeoró con la decisión de bajar el crawling-peg a 1% desde febrero. Lo que uno querría saber es cómo se va a corregir esa situación. En vez de hablar sólo de los recursos del FMI, Argentina debería anunciar un programa con cambios en la política cambiaria y monetaria, que demuestre que ese problema se va a ir corrigiendo.
—El FMI confirmó que considera razonable el pedido de un desembolso inicial de US$8.000 millones
— Argentina tiene vencimientos de capital por US$14.000 millones en los próximos cuatro años. Si el FMI presta US$20.000 millones, sobrarían US$6.000 millones, que yo no dudo que se desembolsen en 2025. A eso, el FMI considera agregar US$2.000 millones que corresponden al pago de intereses de este año. Al final del día sí veo que entre los préstamos del BID, el Banco Mundial y el FMl, Argentina va a tener más de US$10.000 millones más en 2025 y va a tratar que eso sea lo más pronto posible.
— Pero el ministro de Economía Luis Caputo dijo que esperaban un monto superior ¿Lo ves posible?
—No veo ninguna lógica de por qué el Fondo le anticipe a Argentina más recursos que luego le va a exigir en 2026 para cobrar su propia deuda: si lo hace, Argentina los va a usar y, si lo necesita tanto, probablemente los termine. Entonces cuando llegue el momento del vencimiento con el FMI, no va a tener reservas para pagarlo. No tiene ningún sentido bajo la lógica normal con la que trabaja el FMI con la mayoría de los países, incluso con Argentina. Lo único que cuadraría con un comportamiento de ese tipo es que el FMI piense que todavía tiene más recursos para la Argentina. Yo lo dudo, pero si fuera el caso, uno podría pensar que hoy le entregaría ese monto y después de la elección legislativa habrá una ampliación del programa.
—Aún sin mucha información oficial, algunos funcionarios insisten que los US$20.000 millones serán de libre disponibilidad.
—Argentina está fuera de los mercados de capitales por mucho tiempo y, siendo el tercer programa de esta nueva era, hacer el supuesto de que el préstamo sea de libre disponibilidad sin asegurarse que sean usados para pagarle al propio FMI sería irresponsable. Yo no veo eso en la línea de trabajo del FMI. Los desembolsos van a estar calendarizados junto con los vencimientos. Con un presidente de Estados Unidos y un Congreso republicano, a los que no les encantan los organismos multilaterales, lo último que quiere hoy el Fondo es prestarle dinero y que en dos años Argentina esté en default.
—Conociendo al FMI: ¿Hay posibilidad de que desembolse algún monto sin tocar el tipo de cambio?
—No. Van a haber cambios en la política monetaria, que serán más leves antes de la elección y probablemente no vayan a convencer al mercado, pero a la espera de una corrección más fuerte post elección. El Gobierno va a estirar la sábana lo más que pueda para llegar a la elección, utilizando los dólares que tiene, probablemente volviendo a endurecer un poco el cepo. En términos de política, creo que el FMI no va a exigir mucho con respecto a lo que el Gobierno ya está haciendo antes de las elecciones. Todo el mundo está apostando a que tengan la mejor elección posible y, después de eso, lanzar un nuevo programa que macroeconómicamente sea más creíble.
—¿Y cuál pensás que es el esquema monetario que va a proponer el FMI?
—El Fondo probablemente pida un esquema de bandas transitoria, que sea de +/- 3% hasta la elección y se vaya ensanchando hasta terminar el año en +/- 5%. Pero es un porcentaje que no termina de resolver el problema, nos quedamos a mitad de camino. Luego de la elección legislativa presumo que habrá un rediseño del programa con un marco mucho más agresivo. Yo creo que lo mejor es que Argentina flote el tipo de cambio. Que deje algunas restricciones para el repago de stocks acumulados en términos de dividendos de grandes empresas y quite el cepo para el resto. No es que el Fondo esté obsesionado con la liberalización del tipo de cambio, pero Argentina no utilizó estos 18 meses para generar oferta de divisas de manera orgánica.
—En una entrevista con este diario el año pasado vos decías que, teniendo en cuenta que los vencimientos de capital son en 2026, probablemente el acuerdo con el FMI llegaría a fines de 2025. ¿No es una mala señal en términos de negociaciones estar apurando tanto un acuerdo?
—No, no creo que sea una mala señal. Pero es verdad que la situación de la balanza de pagos se limitó más rápido de lo que yo pensaba. Yo creo que al Gobierno le hubiese gustado no tener al Fondo Monetario metido en medio del proceso de elección legislativa, pero no es una mala señal. Porque Argentina va a estar mejor con los US$5.000 millones, que sin ellos.
—¿Implica este acuerdo un apoyo explícito de Donald Trump a Javier Milei?
—No lo veo de esa forma. Este programa está en línea con lo que todos los analistas dijeron, con poco margen de dólares de libre disponibilidad y con una salida prevista para el 15 o 21 de abril, lo que indica tiempos normales de negociación de muchos programas. Si hubiese habido un trato excepcional, este programa hubiese sido de un monto mayor y hubiese salido en febrero. Así como digo esto, también creo que Argentina calculó que iba a negociar rápidamente con el FMI porque el Gobierno de Donald Trump es amigo del Gobierno de Milei, lo cual fue un error. No digo que la política no influya, pero no en la magnitud de lo que el Gobierno de Milei cree.
—Que el Gobierno haya aprobado por DNU el acuerdo, dado que en Argentina hay una ley que dice que hay que aprobarlo por el Congreso, ¿le puede generar algún ruido a los inversores?
—Yo creo que no importa lo más mínimo. El FMI sabe que hay un 65% del entorno político que apoya el programa. Si por alguna razón dentro de la derecha hay una evolución hacia la figura de algún otro líder como candidato en la próxima elección, esa persona va a apoyar el programa con el Fondo. Lo mismo con los radicales, e incluso un grupo dentro del peronismo. Luego está el kirchnerismo, que no lo apoya. El FMI sabe que si alguna figura del kirchnerismo regresa a la presidencia de Argentina, se va a desconocer el programa. Ese es el riesgo que toma. La verdad, no necesita que el acuerdo sea votado por el Congreso. Eso es una ley argentina que se está cumpliendo hasta donde yo entiendo con el tratamiento del DNU. Además recordemos que en el programa que se hizo con Alberto Fernández la vicepresidenta no votó a favor del programa. Esa era todavía una señal mucho más preocupante.
NR/JJD
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