Exportadores, industriales y las economías regionales alertan por los aranceles que Trump impuso para la Argentina

Donald Trump cumplió una de sus promesas de campaña: aplicar aranceles a las importaciones de Estados Unidos. En lo que el llamó el “Día de la Liberación”, anunció un arancel base del 10% para la mayoría de los países, incluyendo a Argentina, con guarismos más elevados China ( 32%), India (26%) y la Unión Europea (20%), naciones con las que EE.UU. mantiene déficits comerciales significativos o considera que tienen prácticas comerciales desleales. El carácter transversal de esta medida marca un giro en la política comercial norteamericana –el Wall Street Journal lo calificó como un nuevo orden económico mundial–.
Si bien Argentina no aparece como protagonista, tiene inevitablemente impacto en el país: tanto de manera directa por el encarecimiento de productos que el país exporta al norte –energía, alimentos y bebidas y metales– como indirectamente por los efectos que puede causar esta medida en el comercio internacional (por ejemplo, la posibilidad de contramedidas por parte de China y otros países que elevaría la volatilidad de los mercados y los precios de las commodities).
La pregunta central sigue siendo si esta nueva estrategia arancelaria de EE.UU. es una táctica de negociación temporal o el inicio de una reconfiguración duradera del comercio internacional. Anoche el presidente Javier Milei se quedó sin su ansiada foto con Trump en su viaje relámpago a Florida, pero aprovechó la ocasión para volver a darle un guiño al republicano: sin criticar las medidas, dijo que su gobierno será un buen alumno. “La Argentina va a avanzar en readecuar la normativa de manera que cumpla con los requerimientos de las propuestas de aranceles recíprocas elaborados por el presidente Donald Trump”, lanzó, y agregó: “Vamos a avanzar en la armonización de los aranceles de una canasta de cerca de 50 productos para que fluyan más libremente entre nuestras dos naciones”.
La nueva relación carnal, en números
Estados Unidos es el tercer mayor socio comercial de Argentina, detrás de Brasil y China, con un intercambio de aproximadamente USD 12.000 millones anuales (promedio de los últimos diez años), según la consultora Abeceb. “El comercio bilateral entre Estados Unidos y Argentina es un pilar clave en la relación económica y política entre ambos países”, complementa un informe la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina (AmCham) que, consultados por este diario, prefieren no hablar “hasta no tener más clara la información más allá del anuncio”.
Argentina mantuvo históricamente una balanza comercial deficitaria con Estados Unidos de U$S3.000 millones promedio, con solo seis períodos de superávit entre 1990 y 2024. En 2024 se registró un leve superávit por una caída de las importaciones, motivada por la corrección de precios relativos y recesión local.
Según la consultora del exministro de Producción Dante Sica, el principal complejo exportador es el de Oil & Gas, junto con la industria química. Los productos destacados incluyen petróleo crudo, nafta y químicos orgánicos e inorgánicos, que en conjunto representaron el 36% de las exportaciones totales en 2024. El sector alimenticio y de bebidas –entre los que se destacan vino, miel, limón y carne bovina– representa el 17% del total exportado, mientras que los metales –oro, plata, aluminio y acero– representan el 22,6% de los productos vendidos.
Importantes subproductos en dos de los tres segmentos más relevantes para el comercio de Argentina con Estados Unidos quedaron fuera del alcance de las nuevas tarifas: las importaciones de petróleo crudo y gas natural, el acero, el aluminio, el cobre y el oro. Acero y el aluminio ya se encuentran alcanzados por un arancel del 25% que se mantiene vigente desde una medida anterior adoptada por la actual administración.
Frente a esta situación, distintos sectores de la economía nacional analizan cómo puede afectarles esta nueva política comercial estadounidense.

Finanzas: más incertidumbre global, menos margen para Argentina
En contextos de alta volatilidad, los inversores tienden a optar por posiciones conservadoras, retirando apuestas en países con calificaciones crediticias de riesgo alto. Paula Gándara, CIO de Adcap Asset Management, considera que esta medida funciona como un shock externo por un exceso de oferta que agrava la incertidumbre global. Según su visión, estas medidas y el primer impacto a la baja en los mercados internacionales es una señal que prolonga la volatilidad.
La combinación de esta incertidumbre con el calendario electoral argentino podría demorar decisiones clave como la salida del cepo cambiario o una mejora en el riesgo país. “Quizás va a llevar más tiempo para que Argentina reaccione a los mercados internacionales”, señala Gándara.
Agroindustria: riesgos de pérdida de mercado y alguna oportunidad
El informe de la Bolsa de Cereales “Trump y el inicio de una nueva era” concluye que, para el agro argentino, la medida puede traer tanto riesgos como oportunidades. En productos como carne bovina y limones –donde Argentina compite directamente con México y Canadá– podría haber pérdida de competitividad, ya que estos países están exentos de los nuevos aranceles. “Sin embargo, lo inestable de la relación con EE.UU. de ninguna manera nos permite descartar que en el futuro cercano sean sujetos de otro tipo de medida restrictiva”, asegura el informe elaborado por Maximiliano Moreno y Juliana Inda.
En productos como vinos, aceite de oliva, azúcar y artículos de confitería, la Argentina podría mejorar su posición relativa frente a competidores como la Unión Europea (que enfrentará un arancel del 20%) y Sudáfrica (30%).
En el agro señalan que podría abrirse una ventana si otros países empiezan a reemplazar importaciones desde EE.UU. y buscan nuevos proveedores. “América Latina, y en especial Argentina y Brasil, podrían beneficiarse si logran posicionarse en esos mercados”, asegura en diálogo con elDiarioAR Javier Preciado Patiño, miembro del IDAA y exsubsecretario de Mercados Agropecuarios.

Economías regionales: el arancel llega en un momento crítico
Las economías regionales argentinas atraviesan una situación delicada, con baja competitividad y márgenes de rentabilidad erosionados por la política cambiaria. Marcelo Alós, doctor en Economía y secretario de Alimentos y Desarrollo Regional del Ministerio de Agricultura entre 2019 y 2021, advierte que este nuevo arancel podría ser “el golpe de gracia” para muchas de estas economías. Productos como la miel, que ya enfrentan dificultades para sostener exportaciones, podrían perder aún más terreno en el mercado estadounidense. “El consumidor va a ver ese producto más caro, y lo va a cambiar por otro más barato”, resume Alós.
Valentina Antuña, de Epyca Consultores, complementa que los alimentos son de los sectores más sensibles al cambio arancelario, dado que hoy enfrentan aranceles promedio de 4,6%. “Una suba al 10% podría volverlos directamente no competitivos. La miel, por ejemplo, tiene a EE.UU. como su principal destino: cerca del 50% de las exportaciones se dirigen allí”.
Industria: menos competitividad y más presión externa
“Estamos preocupados, muy preocupados”, expresó en una entrevista radial Daniel Funes de Rioja, titular de la Unión Industrial Argentina. Señaló que el 67% de las exportaciones argentinas a EE.UU. se concentran en 10 productos clave, entre ellos petróleo, oro, aluminio, vinos, carne y miel. “Esto no es de impacto neutro”, afirmó, y llamó a revisar la estrategia comercial del país frente a un contexto internacional cambiante.
Para Paloma Varona, economista y cofundadora de Misión Productiva, una red de profesionales que impulsa el debate sobre el desarrollo, la producción y la innovación, la medida afecta directamente la competitividad de sectores industriales argentinos que exportan a EE.UU., como los ya mencionados petróleo, aluminio, metales y alimentos procesados.
“Desde el punto de vista financiero, el anuncio de Trump suma incertidumbre a un contexto macroeconómico ya frágil, lo que puede desalentar la inversión y el consumo. En el plano comercial, los productos argentinos se encarecen, pierden competitividad y podrían enfrentar una menor demanda por parte de un consumidor estadounidense más cauteloso”, asegura.
Al igual que en otros sectores, Varona también advierte que si se escala a una guerra comercial, los excedentes productivos de potencias como China y la UE podrían ser redirigidos hacia mercados donde compite Argentina, tanto local como internacionalmente.
Las primeras réplicas del terremoto económico que generó Trump este miércoles ya se sienten en el país, muy vulnerable a cambios bruscos en la dinámica global. Y los temblores, según el pronóstico de los expertos, continuarán.
NR/MC
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