Malvinas como espejo del poder: el gobierno de Milei llega al 2 de abril dividido, sin narrativa común ni política exterior clara

Este miércoles 2 de abril habrá dos actos oficiales por el Día del Veterano y los Caídos en la Guerra de Malvinas. Uno lo encabezó Javier Milei en la Plaza San Martín, en la ciudad de Buenos Aires. El otro será en Ushuaia y, a partir de las 11, tendrá como figura principal a Victoria Villarruel. No hay margen para la confusión: la vicepresidenta no fue invitada al acto que organiza la Casa Rosada, y eligió una agenda propia en Tierra del Fuego. La distancia entre ambos, más que geográfica, es política.
La escena marca un nuevo capítulo del desgaste entre Milei y su excompañera de fórmula, cuya relación ya se mueve en el plano estrictamente institucional. No se hablan, no se coordinan, no se tapan. Desde que la mesa chica libertaria —Karina Milei y Santiago Caputo— la dejó afuera del armado electoral, Villarruel quedó en los márgenes del dispositivo oficial. Lo que sigue, en cada oportunidad pública, es el reflejo de esa fractura.

El 2 de abril de 2024, con apenas tres meses de gobierno, Milei y Villarruel se habían mostrado juntos en el mismo acto, en el mismo lugar, con gestos compartidos. Este año, esa imagen no se repetirá. La vicepresidenta eligió el sur del país, junto al gobernador Gustavo Melella, peronista, con quien comparte poco en términos ideológicos, pero bastante más que con el Presidente en lo que hace al tono del vínculo con las Fuerzas Armadas y el reclamo por la soberanía de Malvinas.
El entorno de Villarruel repite que su presencia en Ushuaia tiene que ver con su deseo de estar “lo más cerca posible” de las islas. Pero hay un mensaje hacia adentro del Gobierno: que ella tiene su propio capital político y que, en temas de defensa y memoria, no está dispuesta a quedar relegada. Su apellido todavía tiene peso en el mundo militar. Su padre fue combatiente en 1982, prisionero en manos británicas. Y este año armó una agenda paralela con homenajes, documentales y un discurso en el Senado.
En simultáneo, Milei se mostró en la Plaza San Martín acompañado por el ministro de Defensa, Luis Petri, y el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri. Fue el primer encuentro público entre ambos desde que estalló la disputa por las elecciones legislativas en la Ciudad. En el entorno de Macri remarcan “la foto protocolar”. Lo cierto es que no hay margen para demasiadas sobreactuaciones: Karina Milei y Manuel Adorni lanzaron la campaña porteña con una imagen provocadora frente a la sede de Uspallata, motosierra en mano, apuntando directo al PRO.

Así, este 2 de abril termina de cristalizar algo que la sociedad ya sabe: la relación del Presidente con su vice no tiene retorno. El armado de Karina Milei avanza con lógica de purga y exclusión, incluso hacia dirigentes que formaron parte del núcleo original del oficialismo. A la titular del Senado la sacaron del radar. La estrategia es clara: no construir alianzas, sino administrar tensiones.
En este escenario, la conmemoración por Malvinas, que en otro contexto podría haber funcionado como espacio de unidad, se convirtió en un nuevo campo de disputa interna. No solo por el vacío a Villarruel. También por la falta de gestos de amplitud hacia las fuerzas de la oposición que podrían acompañar una agenda común en este tema. En Tierra del Fuego, por caso, se espera la presencia de senadores radicales y diputados del peronismo. En el acto en la ciudad de Buenos Aires, en cambio, no habrá presencia legislativa destacada.
A la par de los actos oficiales, este lunes por la noche se llevó adelante en Río Grande la tradicional vigilia de los excombatientes, uno de los rituales más sentidos del calendario fueguino. Allí también hubo presencia política: participaron legisladores de Unión por la Patria, entre ellos Cecilia Moreau y Paula Penacca. Aunque el evento no tuvo un tono partidario, el contraste con la agenda de la Casa Rosada fue evidente: mientras en Buenos Aires predomina la liturgia libertaria y la escenografía de campaña, en el sur confluyen actores de todo el arco político, con un tono más sobrio y un mensaje más transversal sobre la memoria de la guerra.

Tensiones previas
El trasfondo de estas tensiones no se agota en el plano simbólico. En el último año, hubo conflictos reales dentro del oficialismo en torno a la política exterior en Malvinas. Villarruel fue una de las voces más duras contra la excanciller Diana Mondino, a quien acusó de haber firmado un acuerdo “contrario a los intereses de nuestra Nación” por plantear la cooperación con el Reino Unido en el marco de la vuelta de los vuelos de Córdoba a las Islas Malvinas. Para la vice, la medida se plantea “cooperar con la potencia que usurpa nuestro territorio”, según escribió en sus redes, en alusión al pacto promovido por la canciller y su par británico David Lammy.
Meses más tarde, la crítica de Villarruel tomó más peso tras la aparición de un comunicado oficial que, en una de sus versiones, se refería a las islas como “Falklands/Malvinas”. El texto fue publicado por el Ministerio de Defensa y luego borrado. Desde la Cancillería aseguraron que se trató de un error ajeno, y Mondino debió salir a desmentir públicamente que el término “Falklands” hubiera salido de su oficina. Pero el episodio reavivó las sospechas —en la oposición y también en la interna libertaria— sobre el enfoque del Gobierno en el reclamo por la soberanía.

A esa política exterior zigzagueante se suman las declaraciones del propio Milei, que en mayo del año pasado volvió a reivindicar a Margaret Thatcher —la primera ministra británica que ordenó el hundimiento del crucero General Belgrano durante la guerra— a quien calificó como “brillante”. En esa entrevista con la BBC, el Presidente también justificó la visita del canciller británico David Cameron a las islas: “Ese territorio hoy está en manos del Reino Unido. Tiene todo el derecho de hacerlo”, sostuvo, sin rodeos.
Milei aseguró que no renuncia al reclamo de soberanía, pero relativizó su urgencia: “Si no es el momento para discutirlo hoy, se discutirá en otro momento”. Su postura fue celebrada por Londres, pero generó malestar entre excombatientes y dirigentes de la oposición, que lo acusan de adoptar una posición “rendicionista”. Villarruel, en cambio, insiste en que Malvinas no puede ser tratada como un tema más dentro de la agenda exterior. Ahí también se expresa una diferencia profunda: no solo de estrategia, sino de sentido.
En definitiva, la conmemoración de este 2 de abril revela más de lo que parece: un gobierno que prefiere dividir para ordenar, una vicepresidenta que marca perfil propio desde el margen y una dirigencia política que sigue sin encontrar un tono común, ni siquiera para recordar a sus caídos.
PL/JJD
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