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más poder para santiago caputo

María Ibarzábal Murphy reemplaza a Javier Herrera Bravo y asume como nueva secretaria Legal y Técnica

María Ibarzábal Murphy, flamante secretaria Legal y Técnica.

Pedro Lacour

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María Ibarzábal Murphy ya era, en los pasillos de la Casa Rosada, la verdadera secretaria Legal y Técnica del gobierno de Javier Milei. Este martes, el Gobierno oficializó lo que era un secreto a voces: reemplazará a Javier Herrera Bravo al frente del área, en una decisión que unifica formalmente esa secretaría con la de Planeamiento Estratégico Normativo, que ya estaba bajo su órbita.

“El Presidente Javier Milei ha decidido designar a la Dra. María Ibarzábal Murphy como la nueva Secretaria Legal y Técnica de la Presidencia de la Nación Argentina”, informó la Oficina del Presidente. En el mismo comunicado, se subrayó que la funcionaria “ha desempeñado un rol clave en la presente gestión al liderar la redacción y la estrategia jurídica de iniciativas fundamentales impulsadas por el Presidente”.

De perfil bajo y palabras medidas, esta abogada de unos 40 años se mueve cotidianamente entre el Salón Martín Fierro y el despacho de Santiago Caputo, su principal aliado en el poder. Allí, en el primer piso de Balcarce 50, se define buena parte de la ingeniería legal del Gobierno. Ibarzábal es la persona encargada de convertir en norma cada una de las ideas que surgen del núcleo duro libertario. Si Caputo es el ideólogo, ella es la alquimista: destila cada impulso político hasta hacerlo jurídicamente viable.

Desde el decreto que limitó el acceso a la información pública hasta el intento de borrar registros del blanqueo fiscal, pasando por los vetos presidenciales y la reciente reforma a la Ley de Identidad de Género, su firma aparece detrás de las decisiones más controvertidas del oficialismo. Incluso antes de asumir un cargo formal, orbitaba los estudios jurídicos que redactaron la ley Bases y el DNU 70/23. El estudio Cassagne, uno de los más influyentes en derecho administrativo, fue su casa profesional antes de aterrizar en el Estado. También se la vincula a otros estudios que trabajaron codo a codo con el oficialismo, como Marval, Bomchil, Bruchou y O'Farrell.

Su relación con Milei es directa: la Secretaría que dirigía hasta ahora es una de las pocas que reportan al Presidente sin pasar por la Jefatura de Gabinete. Pero su ascenso político se consolidó como parte del círculo de confianza de Caputo, quien la considera una pieza clave para tensar los límites constitucionales sin quebrarlos del todo.

Durante el gobierno de Macri, Ibarzábal trabajó con Bernardo Saravia Frías en la Procuración del Tesoro. Su apellido tampoco es ajeno al mundo PRO: es prima de Emilio Basavilbaso, exdirector de la ANSES, y hermana de Santiago Ibarzábal Murphy, quien también ocupó un cargo alto en el mismo organismo.

Su debut en la primera línea del mileísmo fue en abril del año pasado, cuando el Gobierno recalculó tras el fracaso inicial de la ley Bases. Fue entonces cuando, en tándem con José “Cochi” Rolandi, se convirtió en una de las interlocutoras clave ante el Congreso. Con computadora en mano, participó del ida y vuelta con los legisladores, decidiendo en tiempo real qué cambios eran legalmente viables.

En mayo se presentó en el Senado para defender la reforma de la Ley 19.549 de procedimiento administrativo. Allí sostuvo que “la relación del Estado con los particulares no puede ser regida por parámetros del siglo pasado” y defendió la necesidad de modernizar los trámites para facilitar la inversión privada. La oposición la cruzó con dureza. “Este es el lobby de las empresas que litigan contra el Estado”, la acusó Oscar Parrilli.

Este martes, la Oficina del Presidente destacó su papel en la redacción de la nueva ley Bases, en la reforma de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), la implementación de la Boleta Única, la suspensión de las PASO, la eliminación de privilegios en empresas públicas y “el reciente Decreto de Necesidad y Urgencia relacionado con el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional”.

Ahora, con el sello presidencial que confirma su ascenso, Ibarzábal deja de ser la ghostwriter del poder para convertirse en una cara un poco más visible. No hay decreto, veto o reforma de alto voltaje que no pase por su escritorio. En un gobierno que se propone romper moldes y desafiar reglas, ella es quien escribe las nuevas. Y lo hace con una precisión quirúrgica, sin perder el filo.

PL/MG

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